Juan José Cambre

Hace ya bastante tiempo que Juan José Cambre viene experimentando con lo que hace unos años llamó, en una charla que tuvimos, “la simplificación del paisaje”. Esta serie de trabajos expuestos en la Galería del Paseo, confirman esta tendencia: los resultados de su búsqueda no dejan, sin embargo, de sorprender. ¿En qué consiste esta simplificación del paisaje? Cambre trabaja con la materia prima que le brinda la naturaleza. Registra y documenta imágenes de árboles y follajes, que luego son trasladadas a un lenguaje predominantemente monocromático. En el caso de esta muestra, el azul es la presencia protagónica: invade cada una de las obras en una infinidad de variaciones, se filtra en sus títulos y termina colmando con su enigmática luz el espacio expositivo. Se trata de una potencia que se sostiene en la sutileza, que conmueve profundamente sin gritar sus intenciones. Frente a estas pinturas, es fácil imaginar el aroma de la hierba, el sonido de la brisa que se escurre entre las hojas, la calidez de la luz que inunda el rostro. El trabajo de Cambre es extremamente complejo, un larguísimo proceso de sucesivas veladuras. La simplicidad del resultado es, sin embargo, lo más impresionante de su pintura. Encuentro a estas obras misteriosamente hermanadas con la "Canción del que no hace nada" de Leguizamón-Castilla. La letra de Manuel Castilla, otro alquimista, si bien lejano, de la simplicidad, dice: “Yo soy el que no hace nada / El que se queda mirando como las nubes / altas, se alejan. / Yo estoy nomás / me va tapando los ojos / la eternidad”.
                                                                                                Fernando Bruno.