Infinitesimal
Construyo confusiones precisas para ser observadas sin esperanza de obtener información; superficies lentas capaces de estimular simpatía por lo insignificante. Se conoce la estructura del ADN pero no logramos recordar el alfabeto del genoma; no somos capaces de leer un pelo donde pueden estar las claves, para clonar a nuestro mejor amigo. ¿La incapacidad de descifrar esta nueva información debe asimilarse a la ceguera o definirse como un nuevo analfabetismo? En ambos casos lo mas recomendable es asumir con resignación que estamos condenados a saber más y comprender menos, víctimas de una indigestión semiótica. Del mismo modo miramos CNN sin percibir la diferencia entre una transmisión en vivo y la muerte. La cantidad anula la cualidad. La percusión suprime toda repercusión. Una sobredosis de drama diaria opera como una anestesia por inundación. La realidad pierde su sentido, se hace ilegible; y las artes visuales, se hacen invisibles. Consecuencia fuera de toda lógica: entender menos es mi profesión. Entender cada día menos exige estar muy atento. Cuando no entendemos, dudamos, nos sentimos inseguros, reducimos la velocidad y nos focalizamos en escándalos infinitesimales. Por el contrario, cuando despejamos la menor duda, cuando nos acompaña una fe ciega, nos transformamos en un peligro radical. En el arte, en la diplomacia o en el amor, la velocidad es trágica. Dibujar exige respetar una sola señal de tránsito: STOP. Por eso trabajo hasta pulir una pérdida de tiempo contagiosa, promuevo pausas que permitan mirar con un detenimiento creciente. La escala del impragmático es una herramienta de humanización; perfeccionándola, la delicadeza deja de ser subversiva.