• Máximo González. Tejido en proceso. 2010. Objeto-instalación tejido hecho en papel moneda fuera de circulación. Medidas variables.
  • Máximo González. Curly tree. 2009. Papel moneda fuera de circulación .70 x 80 cm.
  • Máximo González. Spread green tree. 2009. Papel moneda fuera de circulación. 78,5 x 61 cm.
  • Máximo González. Mango en Fiat 600 (díptico. 2007. Lápiz, acuarela y tinta sobre papel. 79 x 59.5 x 5.5 cm. c/u.

Wave in progress

 

Piezas hechas con dinero
Tejido en proceso
Esta pieza está compuesta por billetes de pesos mexicanos de comienzos de los 70s (dependiendo de los billetes que hayan sido usados para construir el “hilo” con el que se hará el tejido, la tela resultante variará en diseño). El ancho del elemento principal que compone la pieza -48 cm aprox. – corresponde al ancho de cintura de la persona que teje. Esto es porque está tejido en lo que se llama un “telar de cintura” (un telar típicamente indígena usado por las mujeres).
Los hilos que caen conectan a la construcción con el suelo, con la Tierra, como si luego de treparse a la pared hubiera echado raíces para retornar a la simiente, para nutrirse de ella, haciendo ‘aterrizar’ el tejido, conectándolo con el mismo suelo que nosotros estamos pisando.
Cada pieza se diferencia de las otras no sólo por su diseño sino también por un número de serie que se ubica en su parte trasera. Este número corresponde a un número único que el Gobierno imprime en los billetes. Este número pertenece a uno de aquellos billetes que fueron desmenuzados para ser incluidos en la pieza.

 

 

Trees

 

Piezas hechas con dinero
Tejido en proceso


Esta pieza está compuesta por billetes de pesos mexicanos de comienzos de los 70s (dependiendo de los billetes que hayan sido usados para construir el “hilo” con el que se hará el tejido, la tela resultante variará en diseño). El ancho del elemento principal que compone la pieza -48 cm aprox. – corresponde al ancho de cintura de la persona que teje. Esto es porque está tejido en lo que se llama un “telar de cintura” (un telar típicamente indígena usado por las mujeres).
Los hilos que caen conectan a la construcción con el suelo, con la Tierra, como si luego de treparse a la pared hubiera echado raíces para retornar a la simiente, para nutrirse de ella, haciendo ‘aterrizar’ el tejido, conectándolo con el mismo suelo que nosotros estamos pisando.
Cada pieza se diferencia de las otras no sólo por su diseño sino también por un número de serie que se ubica en su parte trasera. Este número corresponde a un número único que el Gobierno imprime en los billetes. Este número pertenece a uno de aquellos billetes que fueron desmenuzados para ser incluidos en la pieza.

 

 

Mango en Fiat

 

Como todo buen visionario, Máximo González por el futuro ya pasó hace mucho. Así accede a una perspectiva que le permite hacerse preguntas sobre cómo nos acoplaremos a lo que aún no sucede pero ya está anunciado; y desde ahí propone todo un proyecto de reutilización de los artefactos que pronto serán descontinuados por el inminente fin de la era del petróleo. Un barco de pasajeros, un camión de trasportar soldados, una casa rodante, una barcaza de carga, un misil, una camioneta, cascos de soldados, granadas de mano… ¿Para qué servirá todo esto cuando no exista más el petróleo? Máximo González sabe que la vida cobra terreno, y que tarde o temprano a esos cascarones inútiles regresará en los vegetales que se instalarán en sus huecos. Pero su naturaleza de artista le sugiere que este paso puede hacerse de manera controlada, buscando belleza en su recuperación.
A la manera de un arquitecto, realiza su “Proyecto para la reutilización de vehículos obsoletos después de la extinción del petróleo” en planos de construcción con dibujo directo en lápiz y acuarelas. Lo que es orgánico, está dibujado y coloreado. Lo que es materia inerme, está trazado en líneas.  Las anotaciones en la parte inferior describen el artefacto del que se trata y la planta que se propone: Una plantación de limones sobre la proa de un barco de pasajeros, nopales en una barcaza, verduras, chile, maguey, tomate en diferentes receptáculos inermes. En el centro de la sala, una escultura muestra de manera tridimensional lo que en los dibujos se propone, para que el gobierno del año 2040 se de una idea de qué hacer con los resabios de la guerra. En esta ironía se vislumbra una esperanza que se sabe ingenua. ¿Los gobiernos del mundo al fin de la era del petróleo sacrificarán sus ambiciones para hacer surgir de las entrañas de la guerra las flores y la fruta que el mundo necesita? Máximo González es un artista irónico, sabe que no. Pero deja esta pregunta en el aire para que la contesten aquellos que tienen el deber de contestarla.


Raquel Olvera
México, 2007

 

 

Máximo González

 

Nace en Paraná, Entre Ríos, Argentina. Estudia en el Instituto de Artes e Idiomas Josefina Contte en Corrientes, Argentina, donde obtiene el grado de Maestro en Artes Visuales.
Trabaja con el grupo Arte-Ahora realizando murales y monumentos de 1992 a 1995 en la ciudad de Entre Ríos, Corrientes y Formosa en más de 20 espacios públicos.

En 1996 realiza su primera exposición individual en la ciudad de Corrientes, Argentina. Como director de arte realiza 2 cortometrajes en Córdoba y Buenos Aires, Argentina. En 1998 se muda a Córdoba, Argentina, donde crea junto con otros artistas “Apeyron” (Centro de investigación y experimentación escénico-plástica). En 1999 se muda a Buenos Aires donde estudia con la artista plástica Mónica Girón y con el curador y critico de arte Julio Sánchez en la Universidad del Sur. Desde el 2003 vive y trabaja en México DF.

Realiza 26 exposiciones individuales y proyectos especiales entre los cuales destacan: Proyecto para la reutilización de vehículos obsoletos después de la extinción del petróleo en Travesía Cuatro, Madrid y Project B, Milán; Sueño en las oficinas DFMC, Pritzker, Chicago; Wait en Haydeé Rovirosa Gallery, NY; Chignahuapan en Skestos Gabriele Gallery, Chicago IL y Voges und Partner, Frankfurt; PISAR en Galería Ruth Benzacar, Buenos Aires, Argentina; Instrucción Moral y Cívica en Travesía Cuatro, Madrid; Efecto Invernadero en Art&Idea, México DF; Tesis de lo inexplicable, en el Centro Cultural Parque Cambá-Cuá, Corrientes, Argentina.

Participa en 62 exposiciones colectivas en Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, México, Puerto Rico, Guatemala, Estados Unidos, Canadá, España, Inglaterra, Francia, Alemania, Polonia y Republica Checa. Entre ellas destaca su pieza expuesta en MOCA Los Angeles: ¿A dónde se han ido las flores?, como parte de la exhibición Poetics of the handmade curada por Alma Ruiz, The tree: from the sublime to the social en el Vancouver Art Gallery, Fine Line en el Museo de las Américas (Denver, CO), Las líneas de la mano en el MUAC Museo Universitario de Arte Contemporáneo (México DF) y la 2da Trienal Poligráfica de San Juan, América Latina y el Caribe (Puerto Rico).