• Nelson Ramos. Cicatriz. 2004. Collage con papel artesanal. 52x47x5 cm
  • Nelson Ramos. Fructificador. 2004. Collage con papel artesanal. 52x47x5 cm
  • Nelson Ramos. Sin Título. 1976. Técnica mixta. 78x105.5 cm
  • Nelson Ramos. El dedo. 1998. Madera pintada. 182.5x190 cm.
  • Nelson Ramos. Naturaleza muerta. 1967. Escultura en madrea, frutas, PVC y pintura acrílica. 38 x 38 x 51 cm.

El primer rasgo destacado en esta nueva serie de trabajos realizados por Nelson Ramos tiene que ver con el material elegido. En el Río de la Plata, particularmente en Uruguay, se suele creer que la obra sobre papel es obra menor, de importancia secundaria. No pasa lo mismo en el resto de América Latina, donde se manifiesta importante consideración hacia  el dibujo y el grabado. Menos aun en colecciones europeas o norteamericanas, donde la obra sobre papel llega incluso a ser rasgo caracterizador de una colección. En el presente caso, el creador decide ir aun más allá. No se trata de obra sobre papel. Se trata de obra en papel, es decir, el papel como protagonista absoluto de todos los planteos. Papeles de diferentes tipos, artesanales, en tono crudo o en color, de diario, acartonados. El papel es, además, quien va decidiendo toda la sintaxis y la semántica del relato visual conformado.

 

El segundo rasgo tiene que ver con los objetivos que el creador se plantea al asumir ese camino de trabajo. Se trata de papel, ya se dijo, pero sobre él no se produce la aparición del trazo dejado por un lápiz, de la mancha expandida por un pincel o las consecuencias de una herramienta grabadora. El papel despliega sus dotes de seducción desde sus propios rasgos, manifiestos o potenciales. Desde su aspereza, desde su tersura, desde su levedad o desde sus suaves texturas. La mano que lo trabaja, lo interviene, es cuidadosa. Y, en una especie  de rendición amorosa, acepta rasgar con delicadaza, corta prolijamente para revelar las acumuladas carnaduras, o recorta definiendo una forma, o se dobla en papirolas que son, apenas, juegos dentro de un mismo juego. No hay, vale reiterarlo, una sola línea, ni una sola mancha obtenida por aplicaciones sobre el papel. Todo el relato formal, los acentos expresivos, las tramas compositivas, las líneas que organizan o dividen áreas, nacen desde el papel, desde sus posibilidades implícitas. Acepta, con indiferencia de tamaños, formatos, o criterios contenedores, el desafío de revelar o esconder, de armonizar un juego de negros y blancos sobre la tonalidad natural, o la irrupción de los colores encendiendo de manera elusiva, casi traviesa, la placidez de los papeles. De seguro, gracias a la extrema solvencia, a ese recuperado privilegio del saber hacer manual, las rasgaduras no suenan a heridas, a fracturas, a revelaciones dramáticas. Prefieren parecerse a surcos, al misterio renovado que encierra una grieta de calidades femeninas, a la hendidura primigenia que revela realidades alternativas, poéticas y gozosas. El acto de rasgar o cortar no busca ser lacerante, sino un primordial ejercicio de libertad, de inspiración lúdica repentina.

 

El tercer rasgo tiene que ver con los climas trascendidos por la semántica formal en nexo  indisoluble con las opciones sintácticas antes reseñadas. Es posible, por ejemplo, hablar sobre una singular forma de belleza a-hedónica, es decir, una belleza que prescinde de lo sensorial como valor en sí mismo. Por el contrario, fluye desde raíces primordiales, de aromas casi arcaicos, de una fuerza expresiva basada en los atributos del despojamiento y, aun, la aspereza. Es posible, también, ofrecer obras de un especial refinamiento que no quieren crecer desde el lujo de los materiales, de la opulencia de sus atributos, sino de un vigor muy simple, muy austero. En esa elementalidad, en ese rigor selectivo, afloran los nutrientes, nace y crece el potencial dicente de cada textura, cada rasgado, cada grieta, cada valor o cada color.

Es posible, finalmente, recrear, dar nuevo significado a relatos visuales ya transitados, toda la serie de los “rasgados”, presentada a fines de los ’70 del
iban desde lo afectivo a lo social, adquiere ahora un aire renovador. Desdramatizado, el juego se libera de todo compromiso y se expande con una absoluta libertad de vuelo. Multiplica lecturas, pero todas las lecturas, más que interpretaciones abiertas son travesías esquivas, apasionantes, como la piel de profanos y muy vitales misterios.

                                                                                                                           
Alfredo Torres

 

 

Nelson Ramos nació en Dolores, Uruguay en 1932 y falleció en Montevideo en 2006.

Ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes de Montevideo en 1951, estudiando con el Profesor Vicente Martín. En 1959 viajó a Río de Janeiro en usufructo de una beca otorgada por ITAMARATI para estudiar técnicas del grabado con los Profesores Iberé Camargo y Johnny Friedlaender en el Museo de Arte Moderno. Posteriormente se radicó en Sao Paulo dedicándose al dibujo textil, colaborando en los diarios Estado de Sao Paulo y  Diario de Sao Paulo.
En 1971 crea el Centro de Expresión Artística. En 1981 es contratado por el College of Art and Design de Minneapolis, EEUU, para dictar cursos y conferencias en varias universidades de las ciudades de Saint Paul, Minneapolis y Northfield. En 1992 es artista residente en Massachusetts College of Art, de Boston, EEUU.

 


Bienales


Ha representado al Uruguay en las siguientes bienales:
1ra. Bienal de Córdoba.
VII, X y XVIII Bienal de Sao Paulo.
XXXII y XLVII Bienal de Venecia.
1ra.y 2da. Bienal de Medellín, Colombia.
1ra. Bienal Internacional de La Habana, Cuba.
1ra. Bienal Interparlamentaria del MERCOSUR, Uruguay.
Mirá Manantiales. 1ra. Bienal de Arte Contemporáneo, en Manantiales, Uruguay.

 


Premios


Ha obtenido numerosos premios y reconocimientos, entre otros:
Premio Mid American Art Alliance, Estados Unidos, 1991.
Premio Eco Art, Río de Janiero, 1992.
Premio Figari, Montevideo, 1996.
Gran Premio, 1ra. Bienal Interparlamentaria del MERCOSUR, Montevideo,1997.

 


Principales exposiciones


Desde 1958 ha participado en numerosas muestras en Uruguay, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Dinamarca, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Francia, Italia, Perú, Paraguay, Rusia y Venezuela.
Ha participado en eventos tan significativos como:
Eco Arte, Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro
Container 96/Across the Oceans, Copenhagen.

Sus obras figuran en Museos y colecciones privadas de Uruguay, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Estados Unidos y Venezuela.