VIRGINIA PATRONE (Montevideo, 1950). Estudió arquitectura en la Facultad de Arquitectura de Montevideo, pintura en el taller de Pepe Montes - de formación torresgarciana - y grabado con David Finkbeiner - del Pratt Institute de Nueva York.
En 1988 obtiene una beca Fulbright y se instala tres meses en Nueva York. Desde entonces participa en unas 60 muestras colectivas y más de 20 muestras individuales en galerías de arte y museos en Uruguay, Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Perú, Estados Unidos de América, Japón, Alemania, Austria, Francia y España. En 1990 presenta un muestra individual en el Museo Metropolitano de Tokyo.
Ha cosechado varios premios de pintura y dibujo en el Uruguay y alguno en el exterior. En varias oportunidades vinculó plástica y teatro con diversos grados de intervención. Representó a Uruguay en las siguientes bienales: Latin Art Gallery, Nagoya, Japón, 1991; Bienal de Pintura de Cuenca, Ecuador, 1991 y 1994; XI Bienal de Valparaíso, Chile, 1994; VIENTO SUR, Brasil, 1996.
Se instala en Barcelona de 2003 a 2005 y durante ese tiempo hace junto a Álvaro Pemper un taller abierto durante cuatro meses.
A partir de 2005 vive en Madrid.
www.virginiapatrone.polizonteatro.com
QUIÉN NO ADMIRARÍA A ESTE CAMALEÓN?
Y otros despreocupados pensamientos surgidos a propósito de las pinturas recientes de Álvaro Pemper y Virginia Patrone.
"En la oración Sobre la dignidad del Hombre de Pico (della Mirandola), la gloria del hombre se deriva de su mutabilidad. El hecho de que su radio de acción no sea fijo, como aquel de los ángeles o los animal es, le da el poder de transformarse a sí mismo en lo que sea que él elija y de ese modo convertirse en espejo del universo. ¿Quién no admiraría a este camaleón?"1
Quis hunc nostrum chamaeleonta non admiretur?
Nuestra admirada fascinación por la figura humana en vivo, en la imaginación y en el arte, deriva de su forma proteica. La figura humana es el medio de expresión de una fuerza primigenia, es la vida desenvolviéndose en una miríada de formas camaleónicas hacia la muerte. Las cabezas - camaleón de Pemper son vívidas evocaciones del origen de la mutabilidad de la humanidad; más allá de las tumbas patriarcales de los Olímpicos, la Antigua Diosa mira a través de los ojos de las cabezas que cuelgan delante nuestro. La Diosa vuelve a vivir bajo la apariencia de sus hierofantes, a través de las cuales ella atestigua las transmutaciones humanas a lo largo de vidas enteras y observa nuestras elecciones, devociones, sacrilegios, sacrificios y desacralizaciones. La búsqueda continua de Pemper en la figura humana y su dialéctica de materia y espíritu, su mutabilidad, esto es, sus placeres, sus dolores, su presencia, llevada a cabo por medio de la pintura y la línea, lo conducen inevitablemente al mito. Vital, la apariencia de la mitografía de Pemper es la de aquella que está ligada a una ironía que se niega a sí misma.
Él no regresa al pasado pero hace al pasado presente. Sus títulos aluden a la casi imposibilidad del mito hoy, pero no son apartes frívolos, son irónicos, y el tono penetrante de la ironía da fuerza a estas imágenes, cuando en estos tiempos todo pensamiento oscila al borde del nihilismo; la ironía señala profundidades más allá y se niega a cualquier zambullida en el pensamiento vacuo. Los camaleones de Pemper demandan nuestra mirada, la retienen, la devuelven; nuestra observación de estas mujeres es a su vez sujeta a su severo escrutinio, a una interrogación que dirige nuestra mirada sobre sí misma buscando atisbar a través de las apariencias de nuestra era moderna, nuestros cuerpos actuales, ver por dentro: “…cómo ese espíritu inmortal e incorruptible substancia de mi alma puede yacer oscura y dormida dentro de esta morada carnal.”2 Nuestro encuentro con estas miradas de camaleón puede despertar al espíritu, ¡a menos que las gorgonas del nihilismo lleguen primero! En todo caso las cabezas de Pemper observan.
Una impactante dimensión de esta exposición de dos pintores, cuyas obras ofrecen marcados contrastes de tema y estilo, es que también nos da una visión iluminadora de cuestiones profundas concernientes al arte figurativo contemporáneo. En realidad puede argumentarse que la antes mencionada mutabilidad de la humanidad está muy presente en las figuras de Patrone, retratadas en escenarios aparentemente cotidianos. Sin embargo, en vez de proseguir en consideraciones sobre cómo las mitografías de Pemper ofrecen una metafísica para las mujeres de Patrone y sus voluminosas miradas cargadas de pasión, Patrone arroja nuestra atención en una dirección diferente. Dentro de todos nosotros puede existir la fuerza para cambiar, y este es un tema central y recurrente en la mitología, pero no somos dioses y rara vez héroes o musas. Parte de nuestra humanidad consiste en que nos limitamos por nuestro entorno, y la lucha del individuo es con el propio espacio que habita, con las prisiones abiertas que crea para sí.
En las tres escenas de salón de baile, Patrone evoca la misteriosa naturaleza de los bailarines entrelazados en abrazos vacíos de pasión. Los hombres que abrazan se vuelven malévolos, mientras que el deseo de escapar de las mujeres es tal que parecen derretirse, dejando tras de sí sólo sus miradas evocadoras. Con el movimiento fluido de las medusitas de su vestido, la bailarina, su pareja y aún el salón, parecen disolverse, salvo por el abrazo refrenador, demasiado masculino en esta femenina disolución, desilusión. El contraste entre liebre y luchador evoca también una lucha entre deseo y tradición, mientras la Milonga Submarina gradualmente se disuelve en una materialidad como de algas y los felinos familiares parecen preparados para alejarse flotando a la deriva en el sofá; tal vez las mujeres solitarias asomarán a la superficie a través de su reflejo, en otro lugar donde sus deseos puedan realizarse. ¿O no? La fuerza de la mirada es suprema. En las escenas costeras de Patrone, ella yuxtapone la vida interior con nuestra mirada dentro de las mentes de estas mujeres pálidas, apasionadas, con el espacio ilimitado del mar, un campo ilimitado para que la fantasía conjure deseos y sueños. Sin embargo, la verdadera fuerza de este contraste oceánico y ocular es que la mirada de cada una de estas mujeres es un mar interior, donde los movimientos del alma son las olas constantes y los vientos que se mueven a través de su deseo.
Adonde Pemper escenifica la fuerza del mito en un sentido antropocéntrico, Patrone revela que explorar los espacios interiores del alma y de la mente, penetrar las profundidades de esta “morada carnal” es habitar espacios que nos permiten libertad, nos permiten deambular en nuestros sueños y nuestros deseos. A partir del perfume de la piel, de una flor, del mar, podemos iniciar ese peregrinaje interno.
La verdadera admiración mitográfica por el camaleón y la figura humana no reside en el cambio, sino enla osibilidad del cambio, porque tiene el poder de hacerlo desde adentro.
Quis hunc nostrum chamaeleonta non admiretur?
Dr. Jeremy Roe
Research Fellow, Department of Spanish, Portuguese and Latin American Studies,
The University of Nottingham, UK
1 Edgar Wind, Pagan Mysteries in the Renaissance (New York & London : W. W. Nor ton 1968) p. 191.
2 Sir Thomas Browne, Religio Medici, I xxxix.